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Miedo

¡Si sientes miedo. Es el camino correcto!

 

Es importante reconocer que nuestra mente actúa como un guionista maestro de dramas complejos, cuyo principal objetivo es nuestra protección.

Su estrategia consiste en anclarnos a la zona de confort, un espacio donde se percibe seguridad y familiaridad.

En este lugar, la mente cree que nos mantiene a salvo de los riesgos y desafíos del mundo exterior.

Sin embargo, es precisamente este afán protector el que a menudo limita nuestro crecimiento y exploración de nuevas experiencias.

Entender este mecanismo es el primer paso para desafiar nuestros límites y expandir nuestros horizontes.

La zona de confort de nuestra mente es todo aquello que ella conoce, sea esto bueno o malo. No importa, ella se siente segura incluso en las desgracias.

Has visto que hay personas que disfrutan en su desgracia, adoptan el papel de víctima, y se instalan en su zona de confort, aunque su vida sea un desastre.

¿Y por qué les pasa esto?

¿Por qué no encuentran la forma de avanzar?

La respuesta es muy sencilla, no se han dado cuenta que sus mentes están haciendo todo lo posible para que se queden dentro de su zona de confort.

Sus mentes les están proporcionando todos los argumentos necesarios para que efectivamente se queden en sus zonas de confort, y de una forma tan convincente que los dan por buenos sin cuestionárlos.

Nos enfrentamos a nuestra propia mente en una batalla interna.

Esos argumentos que utiliza nuestra mente para mantenernos dentro de nuestra zona de confort e impedirnos tomar acción reciben el nombre de excusas.

Cada vez que tomamos la decisión de avanzar hacia nuestros sueños, nos encontramos con un obstáculo inesperado: nuestra propia mente, tratando de protegernos.

Esta nos bombardea con un sinfín de razones para detenernos, utilizando el miedo como su herramienta más poderosa para disuadirnos.

Este temor, hábilmente orquestado por nuestra psique, se convierte en la barrera más significativa entre nosotros y la realización de nuestros objetivos.

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Comienzan a invadirnos pensamientos plagados de incertidumbre:

¿Y si fracaso?, ¿Y si pierdo dinero?, ¿Y si las cosas no salen como espero?, ¿Y si termino haciendo el ridículo?, entre otros «¿Y si…?» que nublan nuestra determinación.

Todos los pensamientos o decretos que empiecen por “y si . . .” y sean negativos, son excusas y están fundamentados en el miedo.

Una de las responsabilidades fundamentales de nuestra mente es garantizar nuestra supervivencia.

Este mecanismo innato, profundamente arraigado en nuestro ser, opera constantemente en el trasfondo, evaluando riesgos, tomando decisiones y generando respuestas emocionales y físicas que nos protegen de amenazas percibidas.

Desde la evaluación rápida de situaciones potencialmente peligrosas hasta el impulso de evitar riesgos innecesarios, la mente se esfuerza por mantenernos a salvo y asegurar nuestra continuidad.

Este instinto de supervivencia no solo se manifiesta en situaciones de peligro físico, sino también en contextos sociales y emocionales, guiando nuestras interacciones y decisiones hacia lo que percibe como más seguro o beneficioso para nuestro bienestar.

Nuestra mente es como un pastor para sus ovejas. El trabajo del pastor es vigilar por si hay algún peligro.

Siempre está a la búsqueda de qué está mal o qué puede estar mal en cualquier situación.

Y nuestra mente hace lo mismo, siempre está gritando ¡cuidado! ¡atención! ¡Aquí hay un problema! ¡Aquí hay otro problema!

 

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