Los emprendedores primerizos se enfrentan a una aventura llena de trampas, errores en los que hemos ido cayendo la mayoría y de los que hemos aprendido a base de hostias.

Si eres de esta raza de aguerridos novatos, espero que este artículo te sirva para tomar consciencia y evitarlos.

Si ya te la has pegado, reconocerás la mayoría y seguro que se te ocurren muchas más en base a tu experiencia.

Error número uno: Dar más importancia a la IDEA que al EQUIPO

Tú partes de una idea de negocio que consideras buena, pero será el mercado quien la ponga en su sitio, no lo olvides.

La idea inicial puede ser mejor o peor, pero eso no es tan relevante como el equipo que tengas para hacerla realidad y su capacidad para adaptarse a lo que vas aprendiendo y cambiar de rumbo cuando es necesario.

Cuando necesitas inversión, un buen equipo con una idea mediocre aporta mucha más confianza a los inversores que una buena idea con un equipo mediocre.

Y un buen equipo lo determina su capacidad de aprendizaje y de aplicar el nuevo conocimiento para adaptarse y mejorar. Es tolerante al error, lo asume cono algo natural y procura equivocarse cuanto antes y del modo más barato.

Comer sano importa

Error número dos: Poner el foco en la EMPRESA en lugar de en el NEGOCIO

-Quiero montar algo y estoy viendo cómo crear la empresa. No sé si debo ser autónomo o sociedad. También estoy mirando alguna oficina.

-Esto… ¿Tienes ya contactados futuros compradores?

-No, tío, hasta que no me constituya, no.

-¿Pero sabes a quién te vas a dirigir y cómo?

-Hombre, tengo una idea.

-¿Entonces, has hablado ya con ellos para ver si lo que le ofreces les interesa y si pagarían por ello?

-No, tío, hasta que no me constituya, no.

Estos inicios suelen derivar en “cascada fúnebre”. Crear la empresa sin crear tu negocio es como construir el chasis del coche sin tener diseñada su mecánica y su electrónica. No sirve para nada excepto para palmar pasta.

¿A qué me refiero con esto de crear el negocio?

Bueno, a ver, la idea que está en tu mente consiste en que vas a crear “algo” que va a satisfacer las necesidades de alguien y que va a pagar por ello.

Bien, para crear el negocio lo primero que habría que hacer es probar que efectivamente ese “alguien” tiene esa necesidad, que lo que le ofreces le interesa y que pagaría por ello (y cuánto).

Por otro lado, para poder ofrecer ese “algo” necesitas saber qué recursos necesitas (no te olvides de las personas, ¡son los más importantes!) y cuánto te van a costar.

Con todo esto, valorar cuánto te hace falta vender para que el negocio sea sostenible.

Si resulta que efectivamente tienes a clientes interesados, que pagarían por ello y que además el negocio puede ser sostenible y rentable, necesitas construir una primera versión de ese “algo” y ponerla en sus manos para probarlo y mejorarlo.

Si tienes el producto y tienes a clientes interesados y dispuestos a pagar, ya sólo tienes que traducir esta experiencia en ventas y comenzar a facturar.

Comer sano importa

Error número tres: Nunca encontrar el momento de lanzarse al mercado

Muchos al principio hemos dedicado ingentes cantidades de tiempo y esfuerzo en crear productos y servicios con el objetivo de que rozaran la perfección para darnos cuenta más tarde que no los quería nadie.

No nos engañemos es un error exageradamente común y está en la raíz de muchos fracasos empresariales.

“La vida es demasiado corta para construir algo que nadie quiere.”

Ash Maurya | Autor de Running Lean

Las ideas de negocio tratan de crear algo para satisfacer las necesidades de alguien. Al menos necesitas hablar con ellos para probar que esa necesidad existe y que te pagarían por ello.

Si por contar tu idea piensas que otro podrá llevarla a cabo más rápido, mejor y en mejores condiciones que tú, entonces deberías reflexionar por un lado sobre lo que tú aportas al futuro negocio y por otro qué debería tener esa idea para que tú pudieras hacerla única y diferente a los demás.

Comer sano importa

Error número cuatro: Invertir tiempo, esfuerzo y dinero en cuestiones que no aportan valor

Los recursos son limitados. Extraordinariamente limitados en la mayoría de los casos.

Por eso es clave invertirlos del modo más inteligente en aquellas cuestiones que aporten valor a tu negocio.

Pongo un ejemplo, cuando somos primerizos muchos pensamos en el pack básico: oficina + compra de equipamiento (motivado además por alguna subvención del 50% de lo que inviertas).

Al final es verdad que te ves con una bonita oficina, con un equipamiento magnífico, pero también con un montón de costes asociados (alquiler, teléfono, Internet, luz, agua + la inversión en equipamiento).

Y en este momento te preguntas, ¿realmente lo necesitaba para seguir avanzando en mi negocio? ¿Podía haber hecho lo mismo desde casa con mi PC?

Comer sano importa

Error número cinco: Echarle [todas] las culpas de un mal resultado a la crisis

Si resulta que al final te lanzas y no tienes buenos resultados, esto puede deberse a muchos factores.

La crisis es algo externo que puede impactar de muchas maneras. Forma parte del contexto que nos ha tocado vivir y es “un agente” más que hay que tener en cuenta.

Pero si culpamos a la crisis de todos nuestros malos resultados, en lugar de tomar consciencia de qué hemos hecho mal o qué podríamos hacer de otro modo, es como poner el negocio en manos del azar y reconocer que no tienes absolutamente ningún poder para enderezar el rumbo.

Si esta es la conclusión, entonces es buen momento para dejarlo, sabiendo que llegar a esa conclusión y saber por qué, ya te aporta un aprendizaje extraordinariamente valioso. Estar erre que erre por “cabezonería” sólo te lleva a tu ruina y a la de quienes confiaron en ti.

Pero si por el contrario eres capaz de reconocer que te has equivocado, que tu estrategia no ha sido buena […]

Sigamos repasando los errores que solemos cometer cuando emprendemos por primera vez.

Comer sano importa

Error número seis: No ponerle PRECIO a tu producto

Es verdad que en la primera etapa de cualquier iniciativa emprendedora el foco está en aprender, no en vender.

Pero cuando hablo de ponerle precio no lo digo sólo por ir generando ingresos, sino porque es la prueba definitiva de a que tu cliente realmente le interesa lo que le estás ofreciendo y está dispuesto a pagarte por ello.

¿Qué mejor forma de validarlo?

El precio es una característica más, como lo es la forma, el color o la duración, y tiene un impacto brutal sobre la percepción de valor y sobre todo en la decisión de compra.

Dos productos exactamente iguales con precios diferentes son de hecho dos productos diferentes.

“El precio determina el tipo clientes al que aspiras llegar con tu producto.”

Un precio muy elevado puede implicar un sesgo por nivel adquisitivo.

Un error básico y común es no alinear el precio con la capacidad económica del segmento de clientes al que nos dirigimos.

Ofrecer gratis un producto que más adelante será de pago puede tener su sentido, sobre todo en aquellos negocios que sientan su base en generar rápidamente una comunidad que ejerza una fuerza de tracción, lo que se le llama efecto de gran red.

Pero hay que tener en cuenta que este tipo de negocios requieren un tiempo para hacer crecer la red y aun así aun tienes que validar si realmente va a funcionar la fuente de ingresos que tienes en mente.

Comer sano importa

Error número siete: No darle la suficiente importancia al plano COMERCIAL

Eso de “si el producto es suficientemente bueno, los clientes llegarán a mí” esconde un trabajo brutal para generar ese interés.

“Porque nadie te va a comprar si no saben que existes.”

Yo detesto la figura del vendedor como el sinvergüenza, pillo, embaucador para el que la venta consiste en doblegar al otro, él gana, el otro pierde, seducido por sus palabras fabulosas henchidas de humo.

Para mí la venta es un win-win puro, un intercambio de satisfacciones, donde yo te proveo de algo que te aporta suficiente valor a ti para que tú me recompenses con (por regla general) pasta.

Un ejemplo idiota, pero que lo ilustra muy bien: una habitación, dos personas.

Una tiene hambre y la otra no. La que tiene hambre tiene 1€ en la mano y la que no tiene hambre tiene una manzana.

Se miran y automáticamente deciden cambiar el euro por la manzana.

¡Et voilà, se produjo la venta!

El valor total de la habitación ha aumentado, porque para el que tenía hambre, la manzana valía más que el euro y para el que no tenía hambre, el euro vale más que manzana.

Por lo tanto la percepción de valor de ambos aumenta.

Recapitulando, pensar en la venta como un intercambio de satisfacciones implica dos grandes cuestiones: primero que me preocupo por conocer a mi cliente y sus necesidades y segundo que puedo ofrecerle una solución satisfactoria a esas necesidades con arreglo a sus condiciones económicas.

Y aprender cómo hacer esto sólo puedes hacerlo si sales a la calle a CONOCER al que puede será cliente.

Y este es el aspecto crítico que muchos emprendedores, olvidan, postergan u obvian inconscientemente enamorados por la poderosa ilusión de su producto revolucionario.

Comer sano importa

Error número ocho: No estar abierto al feedback

De todas las trampas que hemos visto hasta ahora, esta es quizá la más diabólica. Denota un despotismo absurdo.

Si tú quieres ofrecer a alguien una solución a sus problemas, lo mínimo que puedes hacer es escucharle y aprender de lo que te tenga que contar.

Esa es la base para que tu idea inicial encaje realmente en un mercado real (más allá del que funciona en tu cabeza).

Bueno, pues yo, como seguramente tú, estoy cansado de escuchar perlas de este calibre:

“La gente es estúpida y no sabe lo bueno que es mi producto.”

En realidad, el mensaje que esconde es:

“No tengo ni puñetera idea de qué es lo que quiere el que yo pienso que puede ser mi cliente y una de dos: o ya he invertido un riñón en crear el producto y es demasiado tarde y tengo demasiado orgullo para admitir que me he equivocado y/o no estoy dispuesto a escuchar para cambiar de rumbo y adaptarlo a lo que realmente me pide, porque lo que yo le ofrezco es mejor que cualquier cosa que pueda imaginar.”

A ver, vamos a ser francos, estar abiertos al feedback requiere grandes dosis de humildad.

Es verdad que no es fácil si aún estás programado para pensar que error es igual a fracaso.

“Errar no es igual a fracaso, es igual a aprendizaje.”

Pero en el mundo de los negocios, sobre todo en proyectos innovadores donde la incertidumbre es tan alta, sabes que te vas a equivocar.

Y como lo sabes, necesitas ser consciente cuanto antes de todos los errores y puntos de mejora, para solventarlos lo más rápido posible, porque cuanto más tardes, seguramente mayor será el coste.

Sé consciente de que tu cliente es el primer interesado en que tú mejores tu producto.

¡Haz valer ese hecho y escúchale con la mente abierta!

Comer sano importa

El error número nueve: No CONTAR tu idea

Esto tiene mucho que ver con el punto anterior. Si no cuentas tu idea no puedes obtener feedback.

Y esto implica que optas por tirarte a la piscina sin saber si hay agua (y en la mayoría de los casos, no la hay).

Muchísimos emprendedores cuando te cuentan “lo que quieren montar” lo hacen mirando sobre sus espaldas, hablando en susurros, protegiendo lo que ellos piensan que vale oro.

Pero realmente (en general) las ideas no valen nada. Lo que determina el valor de un negocio es el equipo que lo promueve y la forma en la que piensan llevarlo a cabo. Todo el feedback que puedas obtener en este proceso será poco, por Dios, […]

Comer sano importa

El error número diez:

“Lo escribes tú, si quieres compartirlo con nosotros, claro!

Hemos creado un grupo de trabajo en LinkedIn, que se llama:

“Los domingos, sumar multiplica.”

Para todos aquellos que quieran sumar con nosotros, compartir ideas y favorecer la creación de las redes de contacto en LinkedIn y la búsqueda de empleo de aquellos que lo necesiten.

¡Sería genial contar contigo!

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